Autoconocimiento, perdón, pareja, emociones y Un Curso de Milagros: las charlas de Gabriel Gowezniansky escritas para leer, y sus libros, para empezar gratis.

Una herida emocional se sana en la mente: es pasado que sigues trayendo al presente y que decide cómo reaccionas hoy. Sanar empieza con una decisión honesta, sigue con dejar de buscar culpables afuera y elegir la paz antes que tener razón, y se sostiene perdonándote cada día.

Para meditar para sanar no hace falta visualizar nada: se trata de observar tu estado presente sin irte al pasado ni al futuro. Primero haces un escáner interno, después reconoces qué pensamientos te sacan del ahora y al final observas la mente sin imaginaciones. La curación sucede en la mente.

Para manifestar sin forzar hacen falta tres cosas: la intención de lo que deseas, el diseño que le da forma y la expresión que lo lleva al mundo. Y hacerlo con la mente relajada y libre, soltando el resultado: sin esperar, sin enfocarte en lo que falta y sin compararte.

Porque la soledad nace de la conciencia individual: la creencia de que eres alguien separado del resto. Como un árbol que se siente solo en un bosque lleno de vida, el ego te hace creer que eres una persona aparte, cuando en realidad estás conectado con todo.

Porque todos somos parte de la misma conciencia: lo que le das al otro no se va hacia alguien separado. Dar y recibir son una cadena continua, y cuando amas al otro te estás amando a ti mismo, porque todos somos el mismo ser.

Haciendo silencio. Observas tu pensamiento, descubres el espacio vacío que hay entre un pensamiento y otro y lo dejas crecer. Esa mente vacía es un recipiente: ahí depositas una pregunta y esperas, sin apuro. Si la respuesta te trae paz, viene de ahí.

Para Un Curso de Milagros, un milagro es una corrección de la percepción: no crea ni cambia nada, quita el velo de la ilusión. Ocurre en la mente, llega a través del perdón y, cuando la percepción está corregida, ya no hace falta.

La mente alerta es la mente en observación de sí misma: no es tensión ni conflicto, es mirar lo que piensas sin identificarte. Se practica en cada momento, sobre todo cuando aparecen la angustia o el dolor, y requiere esfuerzo solo hasta que descubres que el esfuerzo es innecesario.