Emociones

¿Tener razón o ser feliz? Así se sana una herida

Gabriel Gowezniansky
Gabriel Gowezniansky
5 min de lectura
En pocas palabras

Una herida emocional se sana en la mente: es pasado que sigues trayendo al presente y que decide cómo reaccionas hoy. Sanar empieza con una decisión honesta, sigue con dejar de buscar culpables afuera y elegir la paz antes que tener razón, y se sostiene perdonándote cada día.

Puntos clave

  • El dolor de hoy no viene de que eso haya pasado, sino de que lo seguimos reproduciendo.

  • Sanar es una decisión en tu mente: nadie de afuera la puede tomar por ti.

  • La pregunta clave es si prefieres tener razón o ser feliz.

  • No hay pastilla mágica: la mente se entrena, día a día, con honestidad y perdón.

Muchos llegamos a este camino diciendo lo mismo: quiero sanar el pasado, ya tengo mucha carga de culpa, de preocupación, de miedo. Y adentro corre una película: lo que el otro me hizo, lo que no me hizo, por qué me pasa esto. Pero el dolor de hoy no viene de que eso haya pasado, sino de que lo seguimos reproduciendo, y para cortarlo ayuda un entrenamiento diario de perdón.

¿Qué es una herida emocional?

Muchos llegamos a este camino diciendo lo mismo: quiero sanar el pasado, ya tengo mucha carga de culpa, de preocupación, de miedo. Y adentro corre toda una película: lo que el otro me hizo, lo que no me hizo, por qué me pasa esto. Todos hemos vivido experiencias más o menos traumáticas, más o menos dolorosas. El dolor de hoy no viene de que eso haya pasado, sino de que lo seguimos reproduciendo.

Un Curso de Milagros lo explica de una forma muy clara: el ego decide cómo reaccionas ante quien tienes enfrente usando el pasado como referencia, y eso te impide ver quién es esa persona hoy. No tarda ni dos segundos. En la primera cita ya estás comparando con tu última pareja. Vienes con tu mochila: tengo miedo de que me hagas lo que me hicieron, tengo miedo de decirte lo que le dije a otro. Así vivimos. Esa mochila es lo que solemos llamar una herida.

La curación no se puede llevar a cabo en el pasado. Tiene que llevarse a cabo en el presente para así liberar el futuro.

— Un Curso de Milagros

¿Por qué sigo sintiendo el mismo dolor?

Porque hay una incongruencia que todos conocemos. Por un lado nos decimos que queremos algo y por otro hacemos lo opuesto: ¿por qué, si quiero estar en paz, me meto en estas situaciones? ¿Por qué, si quiero llevarme bien con esa persona, termino discutiendo? Estamos acostumbrados a autoengañarnos, a decirnos que todo está bien, que ya va a pasar, y seguimos girando en la misma ruedita del hámster, viviendo lo mismo una y otra vez.

Y hay algo más fino todavía. Pensamos que lo que nos duele es lo que el otro hizo, pero en realidad lo que nos molesta de esa persona es nuestro propio pasado. Por eso, cuando tu pareja se parece a alguno de tus padres, la relación se convierte en una forma de sanar a tus padres: dentro de tu mente estás viendo el mismo reflejo.

Diez minutos de culpa en una mente humana no son un gran tema. El problema es cuando esos diez minutos se vuelven diez años.

¿Sanar depende de mí o de los demás?

Depende de ti. Sanar tiene que ver contigo, con tu decisión. Mucha gente me escribe: «Gabriel, ¿cómo voy a estar en paz si mi expareja me hace tal cosa, si mis padres me vuelven locos?». Lo que tienes que entender es que el mundo que estás experimentando lo estás creando tú, con tu interpretación. No busques fuera de ti. Si tu padre te habla desde el orgullo, puedes cortar el teléfono o decirle «gracias, cuando te tranquilices hablamos», pero desde el perdón, sin juzgarlo, y no pasa nada.

No importa cuánto te está costando o cuánto estás sufriendo: eres tú, es tu mente. Puede sonar fuerte, pero es la mejor noticia posible: si la causa está adentro, la salida también. La liberación va a suceder cuando tú te decidas, y la única decisión que te toca tomar es entre el ego y el espíritu. No se trata de negar el cuerpo, irte a la montaña y no hablar con nadie. Si estás sufriendo, estás en el ego: ese es todo el diagnóstico.

Una pregunta para levantarte cada mañana

Hay una pregunta que, si la entiendes, te cambia la vida: ¿prefieres tener razón o ser feliz? ¿Quieres ganar la discusión, sostener el «es que ella me dijo», «es que él me dijo», o prefieres ser feliz? Las dos personas de una pelea están interpretando, y ninguna de las dos tiene razón. Si quieres ser feliz, tienes que soltar la percepción que te está generando infelicidad, sin esperar a que el otro lo vea primero.

¿Cómo se sana, en la práctica?

  • Con honestidad. Nada de «a mí esto no me pasa». Reconocer «acá tengo esto y lo quiero liberar» es el primer paso.

  • Perdonándote en dos niveles. Por todo lo que hiciste, desde la inconsciencia, para lastimar a otros, y por todo lo que hiciste para lastimarte a ti. Perdonar no es hacerte el tonto: es dejar de lastimarte.

  • Observando tus reacciones. Si con una persona te pones nervioso o agresivo, no es esa persona: es un programa que se repite. Mirarlo es empezar a desarmarlo.

  • Con constancia. Tu mente se entrenó durante años para juzgarte y atacarte. No hay una pastilla mágica: hay que sentarse, estudiar y practicar todos los días.

Cuando hablo de sanación me refiero a la sanación mental; si tienes algo físico, obviamente te lo vas a tratar. Y cuando uno empieza a perdonar esos puntos más sensibles, a veces aparece el llanto. Yo de chico lloraba por cualquier cosa, y uno de mis hermanos me decía «llorón» como un insulto. Era un llanto de cosas que me dolían. Con el perdón descubrí otro llanto: el de la liberación, el de la gratitud. Es de lo más hermoso que nos puede pasar, porque lo que no está liberado lo seguimos sufriendo.

¿Es posible sanar de verdad o es una utopía?

Una de las mayores herramientas del ego para quedarse es convencerte de que vivir desde el amor es una utopía. No lo es. Lo que cambia no es necesariamente lo que pasa afuera: cambia tu visión, tu interpretación. Aparece una mirada inocente, y con esa mirada cambia todo. A mí me llevó años entender y poder perdonar ciertas cosas, así que no hay que tomárselo a la ligera. Pero no importa la edad que tengas: lo que cuenta es tu edad emocional y espiritual, y el momento de sanar es ahora.

Preguntas frecuentes

¿Las heridas emocionales se sanan solas con el tiempo?

No por sí solas. El tiempo no sana lo que sigues trayendo al presente; lo que sana es dejar de reproducirlo y perdonar. Diez minutos de culpa no son un gran tema: el problema es cuando se vuelven diez años.

¿Tengo que perdonar al otro para sanar?

Empieza por perdonarte a ti. Lo que ves en el otro es lo que todavía no resolviste en ti, y cuando perdonas al otro te estás perdonando a ti mismo.

¿Cuánto tarda sanar una herida emocional?

Depende de tu voluntad y de tu práctica. Es un entrenamiento: tu mente se acostumbró durante años a juzgar, y con constancia llega un punto en que te resulta más natural perdonar que juzgar.

¿Sanar desde lo espiritual reemplaza un tratamiento médico?

No. Cuando hablo de sanación me refiero a la sanación mental; si tienes algo físico, obviamente te lo vas a tratar.

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