Autoconocimiento, perdón, pareja, emociones y Un Curso de Milagros: las charlas de Gabriel Gowezniansky escritas para leer, y sus libros, para empezar gratis.

Desde lo espiritual, amarte no es el «amor propio» que suele divulgarse, porque el amor no es propiedad de nadie y tu valor no lo determinas tú: es infinito. Amarte de verdad es conocerte, dedicar tiempo a descubrir quién eres más allá del miedo, el juicio y el pasado.

La lección 48 de Un Curso de Milagros, «No hay nada que temer», enseña que a nivel de tu ser real nada puede amenazarte. Cada vez que sientes temor estás mirando la vida desde el ego. Se practica todo el día: repitiendo la frase y observando el miedo cuando aparece.

La lección 34 de Un Curso de Milagros, «Podría ver paz en lugar de esto», enseña que la paz es una decisión tuya y no depende de lo que pasa afuera. Se practica todo el día: en cada situación en la que no ves paz, reconoces que puedes verla de otra manera.

La lección 29 de Un Curso de Milagros, «Dios está en todo lo que veo», te invita a reconocer a Dios debajo de cada cosa, persona y situación, incluso cuando parece que no está. Lo que ves afuera es un espejo de tu mente: al verlo afuera, lo reconoces adentro.

La lección 21 de Un Curso de Milagros, «Estoy decidido a ver las cosas de otra manera», es una práctica para cambiar la percepción: traes a la mente una situación que te duele, repites la frase y te abres a reconocer adentro que existe otra forma de verla.

La lección 106 de Un Curso de Milagros, «Déjame aquietarme y escuchar la verdad», tiene dos pasos: aquietar la mente y escuchar. Enseña que la voz de tu maestro interior se oye en la quietud, y que la verdad que trae suele ir en contra de tus creencias.

Para soltar el pasado tienes que ver que no está ocurriendo: solo vive cuando lo traes al presente al recordarlo. No se trata de olvidar, sino de dejar de interpretar lo que te pasa hoy con lo que pasó antes. Se entrena con presencia, con la respiración como ancla y eligiendo de nuevo.

Las heridas de la infancia se sanan soltando en el presente lo que aprendiste de chico, no escarbando el pasado. No hace falta forzar recuerdos: tu mente te trae lo que estás listo para liberar. Cuando una herida se dispara, reconoce que no es de ahora y silencia la mente.