Un Curso de Milagros

Lección 106: Aquiétate y escucha la verdad

Gabriel Gowezniansky
Gabriel Gowezniansky
5 min de lectura
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En pocas palabras

La lección 106 de Un Curso de Milagros, «Déjame aquietarme y escuchar la verdad», tiene dos pasos: aquietar la mente y escuchar. Enseña que la voz de tu maestro interior se oye en la quietud, y que la verdad que trae suele ir en contra de tus creencias.

Puntos clave

  • Tenemos dos voces en la mente: una habla desde el amor y otra desde el miedo.

  • La verdad va en contra de tus creencias, porque vienen de una postura falsa.

  • El ego habla primero; el Espíritu Santo no habla primero, pero siempre responde.

  • Una rutina de 15 minutos: 5 para aquietar, 5 para preguntar y escuchar, 5 para anotar.

Todos tenemos dos voces que hablan en la mente: una desde el amor y otra desde el miedo, una desde la sabiduría y otra desde la ignorancia. En la mayoría, la que domina es la del ego, y sin un entrenamiento muy poderoso puede imperar hasta el último día. La lección 106 de Un Curso de Milagros es uno de esos entrenamientos.

¿Qué significa «Déjame aquietarme y escuchar la verdad»?

Todos nosotros tenemos dos voces que hablan en la mente. Una habla desde el amor y otra desde el miedo; una desde la sabiduría y otra desde la ignorancia. Hoy, en la mente de la mayoría, la que domina es la del ego. Y a menos que hagas un entrenamiento muy poderoso, como el que el libro te ofrece, esa voz puede imperar hasta tu último día en este mundo.

El título de la lección 106 te da dos de los fundamentos. Punto uno: tienes que aquietarte. Punto dos: vas a escuchar la verdad. La lección tiene después toda una descripción, pero quiero que te quedes con esto.

Una aclaración: no es para que saltes directo a esta lección. Hay una serie de lecciones que te van acompañando hasta acá, y la idea es que hagas el libro completo, desde la uno.

Primero: aquietar la mente

Para empezar a conectar con este maestro, el libro te invita a volverte hacia la majestuosa calma interna. Te lo traduzco: un espacio en tu interior que es absoluta paz y silencio. Si no encontraste ese espacio hasta ahora, esto es lo más importante que te puedo decir, porque ese espacio es la base del despertar de conciencia. Ahí, en esa santa quietud, está el Dios viviente, que nunca te abandonó. No el Dios del pasado: el Dios de ahora, la voz de Dios que habla en tu interior. Cuando aquietas la mente y te entregas a esa sabiduría, el Espíritu Santo empieza a guiarte, dulcemente, de la mano.

En el libro de ejercicios hay muchas frases que te llevan a esto a través de la práctica: quedarte muy quieto y escuchar, despejar tu mente de viejas ideas. Porque esa voz se oye en la quietud, en un marco sin tiempo, sin pasado y sin futuro, donde todas las cosas reciben respuesta.

Fíjate qué hacemos cuando nos sentamos a orar: hablamos, pedimos, agradecemos, nos distraemos con el ruido. No es suficiente pedir: hay que escuchar.

Después: escuchar la verdad

La verdad tiene una cualidad que en general va en contra de todas nuestras creencias. ¿Por qué? Porque nuestras creencias vienen de una postura que no es la real: la postura egoísta, la falsa, la dogmática, la ilusoria. Por eso, para poder escuchar, hay que olvidarse de todo lo que uno se enseñó a sí mismo. Así es como uno empieza a escuchar una voz que no es la voz de tu pasado, que no es la repetición de lo que tú piensas.

Sumérgete en la más profunda quietud por un instante. (…) Ven sin ningún pensamiento de nada que hayas aprendido antes y deja a un lado todas las imágenes que has inventado.

— Un Curso de Milagros

El Curso de Milagros te explica que el ego siempre habla primero, y que el Espíritu Santo no habla primero, pero siempre responde. Por eso a veces preguntas y te llega siempre la misma respuesta: es la voz que ha tomado tu vida, la que habla primero mientras no haces un proceso de liberarla. Pero el Espíritu Santo siempre contesta.

Y hay una clave: limítate a hacer la pregunta y no trates de contestarla. Si yo me hago la pregunta y me la contesto, quien contesta es mi propio condicionamiento. Tu trabajo es preguntar y recibir la respuesta tal como te llega. Pregunta todo, también lo más cotidiano. A mí me pasa con la comida: de repente siento el impulso de abrir la heladera y hay una voz que me dice «no lo comas». Así de sencillo. No hace falta preguntar quién creó el universo.

Cómo practicar la lección 106: una rutina de 15 minutos

El Curso te dice que es un curso de entrenamiento mental, porque esas dos voces hablan en la misma mente, la tuya, y se comunican sobre todo a través de los pensamientos. El período de entrenamiento dura un año: no es una pastilla mágica. Pero puedes empezar hoy. Solo te pide quince minutos por día, y te recomiendo hacerlo a la mañana:

  1. Cinco minutos para aquietar la mente. Cierra los ojos, observa los pensamientos y déjalos pasar. Al principio puede parecer que dominan tu mente: es la voz del ego. Tu tarea es dejarlos pasar.

  2. Cinco minutos para preguntar y escuchar. Pregunta lo que quieras. No tengas miedo de la pregunta más incómoda, la más rara, la más extraña. Pregunta y escucha lo que te va llegando.

  3. Cinco minutos para anotar. En un cuaderno, escribe lo que fuiste recibiendo.

Si en las primeras prácticas no llegas a escuchar nada, no te preocupes: dedícale unos minutos más a aquietar la mente. Elige un momento del día en que estés fresco, en que no tengas que salir corriendo a ningún lado, en que no estés esperando una llamada. ¿Cuántos minutos pasas en las redes o viendo televisión? Date este espacio: es un gran regalo.

¿Qué cambia cuando aprendes a escuchar?

Imagínate cómo pensarías si cada pensamiento tuyo viniera de la sabiduría. Cómo serían tus relaciones. Cómo te relacionarías con tu familia si sintieras amor constante, si no tuvieras miedo de lo que al otro le pueda pasar, de lo que te pueda decir o de lo que pueda pensar. Puede parecer una utopía, pero basta con empezar a experimentarlo algunas veces para que te des cuenta de que es aplicable.

Esa voz no se cansa. Te va a seguir respondiendo una y otra vez, hasta que estés dispuesto a escuchar. Tu parte es aquietarte. El resto es escuchar la verdad.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo por día hay que practicar la lección 106?

Te propongo quince minutos, a la mañana: cinco para aquietar la mente, cinco para preguntar y escuchar, y cinco para anotar lo que recibiste.

¿Qué hago si no escucho nada?

No te preocupes, pasa en las primeras prácticas. Alarga unos minutos el momento de aquietar la mente y sigue practicando.

¿Cómo sé si es el ego o la voz de la verdad?

El ego siempre habla primero y repite lo mismo de siempre. Si te contestas tú, contesta tu condicionamiento. La otra voz se reconoce porque no es la que escuchas siempre: trae un mensaje diferente.

¿Puedo empezar directamente por la lección 106?

No es lo ideal. Hay una serie de lecciones que te van acompañando hasta esta, y la idea es que hagas el libro completo desde la lección uno.

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