¿Por qué veo en los demás lo que no acepto de mí?
Porque el ego proyecta. Lo que odias, niegas, temes o rechazas en otro está dentro de ti: si está en el otro, no es culpa mía. Cada persona funciona como un espejo, y cuando te animas a mirar adentro sin miedo puedes ver lo que rechazas, soltarlo y pasar de la proyección a la extensión.
Puntos clave
También proyectas lo bueno: idealizar al otro como despierto es negar tu propio despertar.
Hasta pensar en alguien te espeja algo tuyo; al otro no lo conoces como algo externo.
Frente a la ley de la proyección está la ley de la extensión, que es otra forma de decir amar.
Lo que rechazas en otro está en ti
Hay algo que en el camino de la sanación te das cuenta al principio, y te horroriza: te das cuenta de que estás proyectando todo en el otro. Todo lo que odias en otro, lo que niegas en otro, lo que tienes miedo del otro, lo que rechazas en otro, todo está dentro de ti.
Este es un mecanismo de defensa del ego. El ego, en su no comprensión, en esa búsqueda que nace de «no sé quién soy», proyecta en otros todas sus creencias. Y la lógica es muy simple: si eso que yo veo y que odio está en el otro, entonces no es culpa mía, es culpa del otro. La matriz del ego es la culpa, culpar.
Cómo funciona la proyección
El Curso de Milagros te dice que el proceso comienza excluyendo algo que existe en ti pero que repudias, y que eso te lleva a excluirte de tus hermanos. ¿Te pasó alguna vez estar en un grupo y proyectar todo en todos? Te vas solo porque no sabes a quién odias más, si al otro o a ti, y tienes que elegir qué te molesta más: lo que hace, lo que dice, cómo se viste o qué piensa.
La mecánica es esta: excluyo algo que está en mí, lo veo en el otro, y entonces me tengo que alejar del otro. Dentro de la matriz del ego, si me alejo, supuestamente me libero de eso que no quiero ver en mí. Es un juego de espejos que el Curso te va mostrando una y otra vez, para que vayas entendiendo que todo está en tu interior.
Cuando reconocemos que aquellas cosas de los demás que nos producen una reacción son también nuestras (y a veces sólo nuestras), comenzamos a tomar conciencia de nuestro propio ego.
— Eckhart Tolle, Una nueva tierra
También proyectas lo bueno
El Curso dice que la proyección siempre ve tus deseos en otros. Y el deseo no es necesariamente lo malo. A veces pasa, sobre todo cuando uno empieza: «Gabriel, estoy en un grupo, están todos iluminados, todos son felices y yo no entiendo por qué estoy sufriendo». O dices: «mira qué en paz que está tal». En realidad estás proyectando tus deseos en el otro.
No es lo mismo proyectar la miseria que idealizar al otro como alguien despierto, pero termina no siendo tan distinto. Cuando creo que otro está despierto y yo no, lo que hago es negar mi propio despertar.
El espejo está delante todo el tiempo
Hay un entendimiento más fino y más profundo: hay un espejo delante todo el tiempo, en cada persona que me encuentro, y en las que no me encuentro también. El solo hecho de pensar en alguien ya me está espejando algo que está en mí, porque la otra persona no está ahí. Y aunque estuviera, ese pensamiento probablemente refleja mi sistema de creencias más que lo que el otro es.
El Curso hace una pregunta: ¿quién transmitiría mensajes de odio y de ataque si entendiese que se los está enviando a sí mismo? Todo lo que creo sobre otros tiene que ver con mis creencias y no tiene nada que ver con el otro. Al otro no lo conoces, porque no se lo puede conocer como algo externo, sino como parte de lo que somos, como una unidad.
Por eso van a llegar todas las personas que espejan mi odio, mi miseria, mi miedo, para mostrármelo desde afuera y ayudarme a liberar eso que todavía no había liberado adentro. Tienes que recordar que todo está conectado: probablemente aquel ser al que más odias, o al que más odiaste, es con el que más conectado estás. Y en tanto puedas ver el amor en ese odio, ahí hay un despertar.
De la proyección a la extensión
Detrás de toda matriz del ego hay una matriz en paralelo de cómo realmente funcionan las cosas. El ego es como una copia falsa, que funciona mal. Por eso estudiar el ego es esencial para comprender cómo funciona Dios. Frente a la ley de la proyección del ego está la ley de la extensión: en lugar de proyectar tu miseria y tus creencias en el otro, te extiendes a través del otro. Seguramente lo experimentaste alguna vez: esa sensación de expandirte, que es otra forma de decir amar.
Pasa lo mismo con las relaciones de toda la vida, la familia o la gente muy cercana. Muchas veces son relaciones de conflicto, pero lo que no vemos es que eso que el otro te muestra es exactamente lo que necesitas. Nunca ocurre algo fuera de lugar: es nuestra interpretación, nuestra negación, la que hace que algo parezca malo.
No tengas miedo de mirar adentro
Lo que sostiene la proyección es el temor a mirar en tu interior y descubrir eso que rechazas. En algún momento tienes que dejar de tener miedo, poder verlo y decir: «sí, estoy rechazando tal cosa, okay, lo suelto». No importa lo que estés pensando, lo que estés sintiendo o lo que recuerdes: libérate del miedo a mirar adentro. Lo único que vas a encontrar adentro es a Dios, no hay otra cosa.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la proyección según Un Curso de Milagros?
Es el mecanismo del ego que excluye algo que está en ti y que repudias, lo ve en el otro y entonces te aleja del otro. Así el ego pone la culpa afuera: si está en el otro, no es culpa mía.
¿Idealizar a alguien también es proyectar?
Sí. La proyección ve tus deseos en otros, y el deseo puede ser lo bueno. Cuando crees que otro está despierto y tú no, estás negando tu propio despertar.
¿Dónde puedo ver el seminario completo?
En la plataforma de Guía para la Paz Interior: el seminario «El camino del despertar», con sus ocho módulos y capítulos para ir directo a cada parte.
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