El ego

¿Por qué me cuesta tanto perdonar a alguien?

Gabriel Gowezniansky
Gabriel Gowezniansky
4 min de lectura
En pocas palabras

Porque para el ego perdonar es perder. El vínculo egoísta se sostiene en juzgar al otro, y si lo liberas tienes miedo de perderlo; pero recién cuando perdonas lo encuentras de verdad.

Puntos clave

  • Controlamos a otros porque no nos podemos controlar a nosotros mismos.

  • No ves al otro: ves la imagen del ego que proyectaste en él.

  • Nadie puede ofenderte: solo está ofendiendo a tu ego.

Sabes que perdonar te liberaría, y aun así algo adentro se resiste. ¿Qué es lo que se defiende?

Para el ego, perdonar es perder

Este es el mayor problema para perdonar que existe, y te lo dice Un Curso de Milagros: el ego cree que perdonar a otros es perderlos. En las parejas, en las relaciones, pensamos: si realmente lo perdono, lo pierdo. Porque el vínculo egoísta se sostiene en la condena, en juzgar al otro. Por eso para el ego perdonar es imposible, o le llama perdón a otra cosa.

Lo primero que tenemos que entender es que desde el ego es imposible perdonar. Siempre que estés en el ego vas a seguir juzgando al otro, aunque digas que lo perdonas de la boca para afuera. Y después te preguntas: si yo lo perdoné, ¿cómo puede ser que ahora me esté pasando esto?

Controlar al otro por miedo a la libertad

¿Te pasó alguna vez creer que sabías lo que era mejor para otro? «A ti te conviene hacer esto, pensar esto, decir esto.» Tratamos de controlar a otros porque no nos podemos controlar a nosotros mismos. Tratamos de que el otro haga lo que yo creo, o lo que yo no me animo a hacer.

Y tenemos tal miedo a ser libres que no podemos perdonar. Porque si perdonáramos realmente al otro, veríamos en él la misma libertad que vemos en nosotros. Y si veo esa libertad en el otro, no sé qué va a hacer: quizá no me hable más, quizá no conecte más conmigo.

Pasa con los padres y los hijos. ¿Por qué los padres no perdonan a sus hijos, y los hijos no perdonan a sus padres? Porque si yo realmente perdono, lo suelto y reconozco la libertad que tiene, no sé qué va a hacer. Y de manera egoísta mantenemos al otro cerca a través de la culpa. ¿Alguna vez intentaste que otro se sintiera culpable por algo que había dicho o hecho? Así funciona.

Nunca lo habías visto

Un Curso de Milagros te dice que no solo diseñaste un ego para ti, con tales ideas, tales dogmas, tal religión, tal política. También proyectaste un ego en tu familia, en tus amistades, en todo. Y si esa persona no responde al patrón que tú diseñaste, la vas a culpar: «Tú me dijiste que me ibas a amar eternamente».

En el mundo real, Dios extiende el amor. El ego trata de imitar eso, y la forma que tiene de extender su pensamiento es proyectando. Si pienso que esto es lo mejor para mí, debe ser lo mejor para todos. ¿Nunca creíste tener la solución para la paz mundial? «Si todos fueran más amables, si todos fueran más respetuosos…» Así vamos proyectando y proyectando, y no ha funcionado.

Cuando te toque perdonar al otro vas a descubrir que no lo pierdes. Es más: cuando lo puedes perdonar, ahí recién lo encuentras, y te das cuenta de que nunca lo habías visto. Al otro no lo estabas viendo: simplemente estabas viendo la imagen que proyectabas en él.

El que no perdona tiene que justificarse

El Curso te dice que el que no perdona se ve obligado a juzgar, pues tiene que justificar no haber perdonado. ¿Te pasó? No perdonaste a alguien y tienes que tener alguna razón, algún argumento: no lo perdono por esto, por lo otro, porque es una persona así o asá. Fíjate cuál es el argumento que te das para seguir juzgando a alguien, porque ese argumento es egoísta. No es real: te lo estás inventando.

¿Qué te impide salir de tu mente? «Es que mi padre me enseñó…» Tu padre no está ahora en tu mente. ¿Quién está en tu mente? Estás tú, contigo.

Nadie te puede ofender

Cuando esa persona esté delante de ti, tienes que darte cuenta de que no te puede ofender: solo está ofendiendo a tu ego. Eres tú el que se juzga a través del otro. Cuando el otro está adelante y te das cuenta de que no te puedes juzgar, ahí es cuando realmente ocurre el perdón. Quizás te está diciendo lo mismo que te decía antes, pero ya no te afecta.

Cuando alguien me culpa o me critica, el ego lo interpreta como una disminución del yo y trata inmediatamente de reparar esa disminución mediante la justificación, la defensa o la culpa.

— Eckhart Tolle, Una nueva tierra

El otro simplemente está proyectando su idea sobre ti, igual que tú lo hiciste con otros. Te está mostrando cómo funciona el mecanismo. Espera, observa y no juzgues, y vas a ver en el otro, más allá de lo que te diga o te muestre, la inocencia que hay debajo de esa máscara egoísta.

No es un truco de magia: es un cambio en la percepción. Es la misma situación, pero en tu mente no hay juicio. Como te dice el Curso, es un entrenamiento. Y hay algo que ocurre, que es un milagro: cambia cómo el otro te ve. Si estás con alguien y no lo juzgas, el otro te ve diferente. Pero no alcanza con lo que te digo: hay que experimentarlo.

Preguntas frecuentes

¿Perdonar significa perder a esa persona?

Eso es lo que cree el ego. Cuando realmente perdonas no lo pierdes: recién ahí lo encuentras, porque dejas de ver la imagen que proyectabas en él.

¿Y si esa persona me vuelve a ofender?

Nadie te puede ofender: solo ofende a tu ego. Si observas, esperas y no juzgas, puedes ver la inocencia debajo de su máscara aunque te diga lo mismo.

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