Emociones

Cómo soltar el enojo: 4 pasos y un samurái

Gabriel Gowezniansky
Gabriel Gowezniansky
4 min de lectura
En pocas palabras

Te enojas cuando algo toca la parte de ti que se siente atacada, y entras en lo que el maestro zen llamó las puertas del infierno. El enojo se suelta dejándolo expandirse, observando tu reacción a la reacción y entendiendo qué sientes amenazado. Soltar no es aguantar ni quedarte.

Puntos clave

  • Muchas veces no peleas con la persona sino con la imagen que tu mente armó de ella.

  • Observar la reacción a la reacción corta el circuito antes de que se vuelva bola de nieve.

  • Si quieres liberar una emoción, primero permite que se expanda en vez de negarla.

  • Soltar el rencor no te obliga a quedarte: primero libera, después eliges en sabiduría.

Un samurái fue a ver a un maestro zen y le pidió que le explicara la diferencia entre el cielo y el infierno. El maestro lo miró y le dijo que tenía cara de torpe, que quién podría quererlo de guardián, que su espada estaba demasiado desafilada para cortarle la cabeza. El samurái se enfureció, desenvainó la espada, y el maestro dijo: «Aquí se abren las puertas del infierno». El samurái se detuvo, envainó la espada e inclinó la cabeza. «Aquí se abren las puertas del paraíso», dijo el maestro.

¿Por qué me enojo tanto?

El maestro hizo algo muy fino: le tocó el orgullo. Cuando alguien toca esa parte de ti que se siente atacada, por ejemplo si te dicen que no fuiste buen padre o que lo que dices no tiene valor, entras de inmediato en el infierno. Cada vez que te enojas, entras en ese infierno.

Fíjate que el maestro no se lo explicó con palabras bonitas: se lo mostró. Hasta que no ves lo que es el infierno, no puedes reconocer el paraíso. Y el paraíso apareció en el mismo gesto, cuando el samurái se detuvo y miró.

Y muchas veces ni siquiera te enojas con la persona. Recuerdo que en la adolescencia alguien me contaba que otro le había hecho una broma pesada. El afectado ni estaba tan enojado, pero yo me enojaba, y terminaba peleándome con el otro mientras ellos dos nunca se habían peleado. Me estaba relacionando con una imagen, armada con lo que me habían dicho. El resentimiento funciona igual.

¿Qué hay detrás del enojo y la ira?

Un esquema de ataque y defensa. Si me enojo con alguien, lo único que hago es proyectar en el otro lo que aprendí a ver. El otro no te está atacando a ti: está proyectando lo que él aprendió a ver. Por eso la ira es una de las emociones que más nos muestran dónde seguimos defendiéndonos.

Cuando empiezas a mirarte es normal que aparezcan rabia, frustración e ira. No es que estés peor: estás viendo lo que realmente hay. Y cuando alguien se enoja delante de ti, fíjate que por momentos parece un actor que entró en un personaje: se «tiene» que enojar porque en el supermercado le cobraron de más, pero internamente no hay enojo. El enojo está en la superficie.

¿Cómo soltar el enojo?

  1. Déjalo expandirse. Lao-Tsé dice que, si quieres que algo se encoja, debes permitir que se expanda primero. Si quieres liberar una emoción, siéntela: déjala abrirse, aunque sea ira. Lo que niegas lo formas con tu deseo de que no exista.
  2. Observa la reacción a la reacción. Te enojas, y ya el enojo no es tan enojo, porque ahora lo miras. Una alumna me escribió que se enojó porque el café estaba muy caro y, al observarse, se preguntó: «¿quién está disgustada?». Eso corta el circuito antes de que se vuelva una bola de nieve.
  3. Pregunta qué parte de ti se sintió atacada. Fue el orgullo, el valor, la imagen. Ver eso te devuelve el poder: dejas de defender algo que ni siquiera sabías que estabas defendiendo.
  4. Suelta primero, decide después. Una alumna me preguntó qué hacer cuando su pareja llegaba tomado y eso le despertaba miedo y enojo. Le respondí que, si sentía una conexión y un camino por recorrer, buenísimo, y que si no sentía seguir, no siguiera. Pero lo que se activa, el miedo y el enojo, eso hay que liberarlo. Soltar el rencor no te esclaviza a la otra persona: libera el enojo primero, y entonces elegirás desde la sabiduría y no desde el miedo.

De manera que la inatención genera imágenes y la atención libera la mente de la imagen. (…) si cuando siento ira estoy completamente atento, entonces no existe la inatención que permite que el pasado surja e interfiera con la percepción real de la ira en ese momento.

— Jiddu Krishnamurti, Más allá de la violencia

¿Soltar el enojo es lo mismo que perdonar?

Están unidos. El perdón del ego dice «primero te juzgo y después te perdono»; el perdón real no condena. Imagina una vida en la que nunca más tengas que defenderte de lo que alguien te diga o te haga, y nunca más sientas necesidad de atacar a nadie. Para recorrer ese camino, mira por qué cuesta tanto perdonar y los tres pasos del perdón.

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Preguntas frecuentes

¿Por qué me enojo tanto?

Porque algo tocó la parte de ti que se siente atacada: el orgullo, el valor, la imagen que tienes de ti. En ese momento reaccionas a un ataque que tu mente interpretó, y entras en lo que el maestro de la historia llamó infierno.

¿Es malo sentir ira?

Es normal. Cuando empiezas a mirarte aparecen rabia, frustración e ira, porque estás viendo lo que realmente hay. La ira es una de las emociones que más te muestran dónde sigues defendiéndote.

¿Soltar el enojo significa aguantar a la otra persona?

No. Liberar el enojo no te obliga a quedarte en una relación. Cuando la mente está libre eliges con claridad si seguir o no, sin que el miedo o el rencor decidan por ti.

¿Qué relación hay entre el enojo y el perdón?

El enojo sostiene el ataque y la defensa; el perdón lo desarma. El perdón real no condena primero para perdonar después: mira sin juzgar.

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