¿Y si eso que tanto me asusta es sólo un pensamiento?
El trabajo es distinguir el pensamiento de lo que está ocurriendo, en vez de darle automáticamente el valor de realidad.
Te llega un mensaje que dice «después hablamos» y tu mente pinta un cuadro completo: hice algo mal, se terminó la relación, me van a dejar. Pero el mensaje no dice todo eso. Es como pintar un paisaje: la pintura no es el paisaje. Una representación puede parecer muy convincente sin ser aquello que representa.
Siempre el pensamiento va a ser pensamiento, nunca va a ser lo real.
No se trata de prohibirte pensar ni de negar un problema concreto. Se trata de reconocer qué agregó tu mente. Si hay algo que conversar, lo conversás; mientras tanto, podés dejar de vivir la película como si ya hubiera sucedido.
Cómo trabajarlo
Elegí una frase que te asuste
Tomá un pensamiento concreto, no todo el problema junto. Por ejemplo: «Ese mensaje significa que me van a dejar».
Separá el mensaje de la película
Escribí qué dice realmente el mensaje y, aparte, qué conclusión agregó tu mente. Mirá la diferencia entre lo recibido y lo imaginado.
Recordá el paisaje y su pintura
Preguntate: «¿Estoy viendo la situación o el retrato que hice de ella?». No hace falta inventar una versión positiva; alcanza con reconocer la representación.
Cuestioná la conclusión
Poné un signo de pregunta al lado de tu frase. Volvé a leerla sin dar por hecho que, por aparecer en tu mente, ya describe lo que está pasando.
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Otras preguntas
Respuesta preparada por el equipo de Guía para la Paz Interior con las palabras de Gabriel Gowezniansky en sus clases, encuentros y entrevistas.
