Preguntar es el 5 %: cómo escuchar al Espíritu Santo
La mente está todo el tiempo aprendiendo, y lo único que puedes hacer es elegir cuál va a ser tu maestro. Preguntar es el 5% del proceso; escuchar es el otro 95%.
Puntos clave
El Espíritu Santo ve lo que nosotros vemos a nivel ilusorio, pero sabe que es ilusorio.
No creas nada de lo que piensas: lo que piensas no es más que un condicionamiento aprendido.
El ego habla primero hasta que uno está entrenado; pero el Espíritu Santo siempre contesta.
La idea no es resolver el problema, sino resolver la máquina de generar problemas.
Dar y recibir son una misma cosa: si das amor, recibes amor; si das paz, recibes paz.
La mente está todo el tiempo aprendiendo
En el manual para el maestro de Un Curso de Milagros hay una enseñanza: la mente está todo el tiempo aprendiendo. La idea de que la mente solamente aprende cuando hay una relación maestro-alumno, o profesor-alumno, es falsa. En general, en nuestra cotidianidad, estamos todo el tiempo aprendiendo de lo que nosotros mismos pensamos.
Por eso el proceso depresivo, o el de una crisis de ansiedad, se genera porque hay una idea que arranca, una idea egoica y ligada al tiempo: la depresión va hacia el pasado, la ansiedad va hacia el futuro, en general. Y nuestra mente la va aprendiendo y reaprendiendo, pensándola de manera sostenida, de diferentes formas o de formas similares. Es como esa pequeña bolita de nieve que empieza a bajar por la montaña hasta que se vuelve una bola enorme que, si te llega a pasar por encima, te destruye. El proceso de interrumpir esa bola de nieve es lo que en el curso se llama el perdón.
Una charla en la que alguien te dice «creo que es momento de que cada uno siga su camino» puede durar una hora, y tú puedes seguir sufriendo por esa hora durante cinco años. Eso ya pasó. Pero seguimos reviviendo el pasado una y otra vez a través de nuestra mente.
Para Un Curso de Milagros, el aprendizaje no tiene nada que ver con Dios. Dios ni enseña ni aprende. Allí donde termina el aprendizaje, allí comienza Dios, porque Dios no es algo que podamos aprender: es lo que somos. No es algo a aprender, es lo que ya eres.
Dos maestros: el ego y el Espíritu Santo
Una vez que entendemos que estamos constantemente aprendiendo, el curso abre dos caminos, dos maestros. Uno es el ego, del que venimos aprendiendo toda nuestra vida. El otro es el Espíritu Santo, que es el que va guiando nuestra mente en el proceso de despertar. El Espíritu Santo ve lo que nosotros vemos a nivel ilusorio, pero sabe que es ilusorio; y también nos ve en nuestra realidad esencial y sabe quiénes realmente somos. Al tener ambas perspectivas a la vista, nos puede guiar a liberar la perspectiva ilusoria y a reconocer la perspectiva real.
Eso es lo mismo que hace un maestro. Pasamos del maestro físico que me está guiando a ese maestro interno que todos tenemos. La sensación de que tal persona entiende más que yo es temporal, y se va liberando en tanto cada uno va despertando esa sabiduría interna. Maestro interior, Espíritu Santo: es lo mismo.
Antes de estudiar el curso, cuando me dedicaba a la música, viajaba en el subterráneo de Buenos Aires con mi violín, cerraba los ojos y entraba en estado de autoobservación. La mente empezaba a recordar cosas que ya había estudiado, pero lo que me sorprendió es que empezaba a explicarme cosas que yo no había estudiado. La sorpresa fue algo así como: hay un maestro en mi mente. Algo que no soy yo, en el sentido de que hay algo que me está explicando cosas.
La mente está aprendiendo todo el tiempo, y tú lo único que puedes hacer es elegir cuál va a ser tu maestro: si va a continuar siendo la mente condicionada o si vas a empezar a escuchar una voz que empieza a recordarte lo que es la eternidad.
El ego es un gran camaleón
Puede parecer que estamos enseñando Un Curso de Milagros y en realidad, sin darnos cuenta, lo que estamos queriendo hacer es convencer al otro de lo que yo creo para que me dé la razón y me ratifique en mi postura. Esa no es la labor del Espíritu Santo, ni la de un maestro. Un maestro no busca convencer. Lo único que busca es despertar lo que ya está ahí.
Cuando uno siente que entiende todo, pero se frustra cuando el otro no entiende lo que le está explicando, es otra trampa. Desde el maestro y desde el Espíritu Santo no hay frustración, no hay juicio, no hay impaciencia, no hay voluntad de cambiar al otro. Por eso lo repito tantas veces: no creas nada de lo que piensas; lo que piensas no es más que un condicionamiento aprendido.
El ego se va a disfrazar también del Espíritu Santo, y se va a poner todos los disfraces que tenga que ponerse para que tú perdures en la sensación de estar separado y en la sensación de tener que controlar las cosas. Cuando lo requiera, se va a disfrazar de tu mejor consejero.
Silenciar la mente, preguntar y escuchar
El primer paso es empezar a observar los pensamientos, porque el bloqueo está en el pensamiento. Una imagen puede dar miedo, pero después se alimenta con el pensamiento. Aprender del Espíritu Santo requiere entrar primero en la capacidad de silenciar la mente, de observarla cuando habla y de no identificarme con los pensamientos que estoy teniendo. Esto lo han dicho todos los maestros, no es nada nuevo, pero es el primer paso a la liberación.
A partir de ese espacio de silencio interno, preguntas o elevas un pedido: pide y recibirás. Y hay algo fundamental: yo tengo que saber que no lo sé. Aprender del Espíritu Santo implica un estado de humildad donde yo entiendo que no entiendo, y entiendo que quiero entender.
La capacidad de preguntar es el primer paso, muy importante, pero es el 5% del proceso. El otro 95%, y el más maduro a nivel espiritual, es la capacidad de escuchar. Si uno se pasa pidiendo, pidiendo, pidiendo y no se silencia para escuchar, lo que está aprendiendo en realidad es que hay algo que le falta. La clave del Espíritu Santo no está en pedir.
Y estate muy alerta, porque el ego habla primero hasta que uno está entrenado; pero el Espíritu Santo siempre contesta. Si fuera tan simple como escuchar al Espíritu Santo, no haría falta hacer 365 lecciones. Hay un proceso de entrenamiento para aprender a pensar con el Espíritu Santo. Hay una frase del libro que a mí me gusta mucho:
El ego analiza; el Espíritu Santo acepta.
— Un Curso de Milagros, T-11.V.13:1
Lo que llamamos análisis no es más que refrendar las ideas que ya tenemos. Por eso es mucho más efectivo el silencio que mil palabras.
Cierra los ojos y siente el silencio del presente. Haz a un lado el pensamiento, e incluso las intenciones de lo que quieres lograr. Date un momento para recibir un aprendizaje del Espíritu Santo: silencias la mente y simplemente escuchas. Te recomiendo que escribas lo que escuchas, porque en un momento de dificultad lo vas a leer y vas a decir: «¿yo escribí esto?».
Una respuesta que no es de este mundo
Puedes pensar que tu problema es económico: que tu emprendimiento todavía no está facturando lo que requieres para cubrir los gastos. Y le pides al Espíritu Santo una respuesta que responda algo dentro de tu ilusión. En realidad el problema no es tu emprendimiento o tu trabajo. El problema es que crees que hay algo que te está faltando.
Lo que te va a traer no es una respuesta del mundo. No es «apuéstale a tal número en la lotería». No es algo que te hace hundir más en el mundo para ser exitoso en el mundo: es algo que te lleva a despertar al ser eterno. Por eso las respuestas que llegan de ahí nunca son satisfactorias en el plano del ego. Si quieres resolver lo que te está pasando con tu negocio y el Espíritu Santo te lleva a un estado de paz, de presencia y de confianza, para el ego eso no va a ser suficiente.
Los problemas son siempre ilusorios. La idea del problema surge en base a la idea del tiempo, a la idea de carencia y al miedo de que algo va a fallar, está fallando o falló. Cuando se soluciona un problema que parecía el más grande, aparece otro. Por eso la idea no es resolver el problema, sino resolver la máquina de generar problemas. El Espíritu Santo lleva paz, pero no es la paz del ego: para el ego, la paz no es más que un paréntesis dentro del conflicto.
Enseñar también es escuchar
Cuando te dignas a enseñar el camino de liberación, es el Espíritu Santo el que habla. El curso habla del sanador no sanado: alguien que quiere ayudar a sanar y que todavía no está sanado. Si todavía no sanas tu mente, cuando intentes ayudar a otro le vas a dar la misma píldora envenenada que tú te tomas cada día con el café con leche. Pero lo antes posible hay que empezar a enseñar, porque cuando empiezas a enseñar vas teniendo cada vez más vislumbres de lo que es el Espíritu Santo.
Esto no es una teoría. El Espíritu Santo existe en tu mente ahora. Es una voz que está en tu mente siempre. El curso te dice que dar y recibir son una misma cosa. Si das amor, recibes amor. Si das paz, recibes paz. Si das juicios, recibes juicios. Es un viaje de ida: lo único que hay que hacer después es darle más y más espacio, hasta que la mente sólo piense con el Espíritu Santo. Y el conflicto desaparece, no por magia: desaparece porque dejo de crearlo, porque ahora tengo un nuevo maestro al que sigo, que es el Espíritu Santo, y está en mi mente, y habla en mi mente, y explica, y enseña.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si lo que escucho viene del ego o del Espíritu Santo?
Si no hay reproche, si no hay culpa, si no hay miedo, no hay ego. El ego nunca es neutral: siempre acciona en base a algo que cree que le falta y que tiene que conseguir.
¿Quién decide cuándo una persona se ilumina?
El que lo determina eres tú, y el cuándo lo eliges tú también. La iluminación es el estado natural de todos nosotros; en general no lo reconocemos porque estamos oscurecidos por esa falsa identidad que es el ego.
¿Qué significa «si ves un Buda por la calle, córtale la cabeza»?
Que estás buscando al iluminado afuera. El trabajo del Buda es despertar la iluminación dentro, o reconocerla dentro: si encuentras un iluminado, lo único que te va a ayudar es a ver esa luz en ti.
¿El Espíritu Santo y mi propio espíritu son lo mismo?
Sí, el Espíritu Santo y tu propio espíritu son lo mismo. Parecen dos, pero no.
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