El ego

Tus pensamientos no son tuyos: te llegan

Gabriel Gowezniansky
Gabriel Gowezniansky
8 min de lectura
En pocas palabras

Los pensamientos no los piensas, te llegan: eres un receptor, no su creador. Se libera con la indagación: ante cada pensamiento, preguntar ¿quién piensa?

Puntos clave

  • Usamos el pensamiento de manera distorsiva: distorsionamos lo real a través de nuestro pensamiento.

  • Todas las personalidades son inventadas: no existen más allá de la ilusión de quiénes somos.

  • Los maestros no se caracterizan por tener pensamientos verdaderos: se caracterizan por no identificarse con los pensamientos.

  • Si uno quiere liberarse del ego, no puede pensar positivamente, porque el que piensa positivo es otro personaje.

  • Para observar los pensamientos hace falta un nivel de concentración que no es optativo.

El pensamiento, tal como lo usamos, distorsiona lo real

Todos nosotros tenemos pensamientos. Ahora, hay un estado interno sin pensamiento.

Lo que tenemos que entender es que el ego es una distorsión de la luz de Dios. ¿Qué significa esto? Es como un espejo. Si te miras en un espejo, dices: «Qué ser hermoso que veo reflejado ahí». Ahora, ¿qué pasa si el espejo está distorsionado o está roto? Un espejo roto, todo fragmentado: de pronto la cara no se entiende y se ve como una especie de monstruo, de ser deforme. Esa distorsión es exactamente la misma que produce el pensamiento tal y cual como hoy lo usamos.

Salvo pocas personas que están en un nivel de conciencia iluminado, usamos el pensamiento de manera distorsiva: distorsionamos lo real a través de nuestro pensamiento. Hay una distorsión en la forma de pensar que nos genera todo un paquete emocional y todo un sistema de creencias completamente falso, que es el que sostenemos los seres humanos. Es esa primera ley del caos de la que habla Un Curso de Milagros: tú piensas que tienes tu verdad. ¿Y cómo se sostiene lo que tú crees que es verdad? A través de tu pensamiento.

¿Qué es el yo que piensa?

No es sólo el pensamiento que piensas. Si fuera sólo eso, yo ahora los guío cinco minutos y lo liberan. Es la identificación, creada como una matriz o un fractal de pensamientos: una maquinaria de replicación de pensamientos que llamamos ego o personalidad. Uno dice: «Es que yo tengo esta personalidad». Pero todas las personalidades son inventadas: no existen más allá de la ilusión de quiénes somos.

Soltar un pensamiento no es algo complicado; debería ser algo natural que hagas a diario. Lo que pasa es que hay una construcción que hacemos y no reconocemos, de quién soy, de quién eres. Y esa construcción es ilusoria. Lo que tú crees que eres no es real: es un invento, es un personaje, una personalidad. Esa personalidad se sostiene a través de la proyección y, sobre todo, se identifica a través del sufrimiento: genera sufrimiento. Lo que muchas veces en la espiritualidad se llama renacimiento o resurrección es la liberación de esa personalidad.

La palabra ego es el yo: es la misma palabra en dos idiomas diferentes, ego en latín y yo en español. Nos hemos inventado un yo. ¿Y cómo se sostiene ese yo? Con pensamientos. ¿Cómo se libera? A través de un trabajo que es muy simple. La práctica se llama indagación, y la pregunta de indagación es: ¿quién piensa? ¿Quién es el yo que piensa? Para reconocer que ese yo que piensa no soy yo, tiene que haber una experiencia.

Los pensamientos no los piensas: te llegan

El pensamiento tiene un truco. Nosotros creemos que los pensamientos los pensamos, pero los pensamientos no los pensamos. Es algo que nos llega.

Tú nunca pensaste ningún pensamiento. Los pensamientos te llegan. Tú, como pensador, no existes; nunca exististe. Para verlo hay que poder observar, y eso no es opcional. Los pensamientos llegan a tu mente y nosotros nos identificamos con esos pensamientos que llegan. Punto. No hay más. Pero ninguno de los pensamientos que tuviste tiene nada que ver con lo que tú eres. Nunca hubo ningún pensamiento que te describiera, que fuera tuyo. Los pensamientos no son de nadie, no tienen dueño: eres un receptor de pensamientos, no un creador de pensamientos.

Cuando la mente desaparece, se hace posible una segunda percepción: puedes ver que los pensamientos no son tuyos. Claro que te llegan y a veces se quedan algún tiempo en ti, y después se marchan. Eres una parada en su camino, pero no se originan en ti.

— Osho, Conciencia

Los pensamientos que te llegan están acordes a tu nivel de vibración. En la mente infinita están todas las posibilidades de pensamientos disponibles, y el que te llega está de acuerdo con eso.

No es lo mismo que yo esté pensando pensamientos a que observe cómo los pensamientos llegan. Y no es una diferencia sutil. Una cosa es que los pensamientos lleguen a tu mente y otra cosa es que tú seas el pensador de esos pensamientos.

¿Qué necesitas realmente para existir?

Este yo inventado parece que le falta algo, parece que necesita un agregado, algo para mejorarse. Y enseguida entra en un ámbito que no existe, que es el futuro. ¿Alguien alguna vez existió en el futuro? Siempre que piensas sobre el futuro, te estás engañando.

Si ese yo que piensa está todo el tiempo cambiando —un día le falta una cosa, otro día otra—, ¿qué somos? ¿Somos realmente eso? Si observamos ahora, vemos que más allá de cualquier pensamiento que pueda aparecer, no estamos cambiando. Tú puedes en un momento pensar una cosa y en otro, otra: la existencia es permanente y eterna. El yo que piensa, en cambio, es temporal: tienes que identificarte con él para que exista. Nuestra existencia es estable, es continua; podemos llamarlo un eterno presente. La inestabilidad es una ilusión.

Hay una palabrita mágica acá: apego. Nunca te apegas a alguien. Te apegas a una idea, y todo el sufrimiento viene de apegarnos a una idea, no a alguien o a algo. Nos apegamos a lo que queremos que ese alguien o ese algo nos dé: seguridad, confianza, amor. Pero eso no es amor, es carencia.

Trae un pensamiento, el que sea: quiero un auto, necesito irme de vacaciones. Eso no implica que no te vayas de vacaciones; sólo estamos liberándonos de la idea. ¿Quién está necesitando eso? ¿Si no tengo eso, dejo de existir? ¿Alguna vez los dejó una pareja? Sufrimos, pero ¿dejaste de existir? Lo que tú creías que necesitabas de la otra persona era una ilusión. Las ilusiones pueden parecer muy fuertes, pero eso no implica que sean verdaderas.

Si observas el pensamiento que aparece en tu mente y no te identificas, no tienes que hacer nada. Si te viene un pensamiento destructivo, no tienes que hacer nada. Si te viene uno constructivo, tampoco. El pensamiento pasa, pero la existencia es continua. Tu existencia es independiente de cualquier pensamiento que tengas. Los maestros no se caracterizan por tener pensamientos verdaderos: se caracterizan por no identificarse con los pensamientos.

¿Por qué no alcanza con pensar en positivo?

Está ese truco de los pensamientos positivos. Un pensamiento positivo, por vibración, atrae otro pensamiento positivo, y eso genera en el plano emocional un tipo de energía. Pero nadie se ilumina así. Lo único que hace es luchar, tenerle más miedo a los pensamientos negativos. Tienes un pensamiento de amor y dices: «Soy un ser de amor». Y es otra identificación más. ¿Quién es el yo que dice «soy un ser de amor»? Es otro personaje más: está mejor vestido, lo maquillaron un poquito.

Hay un maestro que dice que cuando tratas de resolver las cosas con pensamientos es como si el ladrón se vistiera de policía para perseguir al ladrón. Muchos quedan trabados ahí, porque siguen tratando de resolver con el pensamiento una ecuación que no se puede resolver con el pensamiento. No es que esté mal; no hay nada malo ni bueno. Pero si uno quiere liberarse del ego, no puede pensar positivamente, porque el que piensa positivo es otro personaje. Pasamos de la tragedia a la comedia, pero seguimos en la obra de teatro.

Es como una pared con humedad: ¿la vas a picar y tirar abajo para levantarla de nuevo, o le vas a poner un papel de flores encima para que se vea lindo un rato? Todo el problema está en identificarte con algún pensamiento, en sostenerlo y en tratar de intercambiarlo por otro, y si el otro no funciona, buscar otro y otro. Un Curso de Milagros tiene una palabra para ese mecanismo: sustitución. Y acá no estamos para sustituir una cosa por otra, estamos para ir al punto.

No digo que no puedas poner un pensamiento positivo en tu mente. El pensamiento es parte de nuestra existencia, pero no es nuestra existencia.

Cómo practicar la indagación: ¿quién piensa?

Trae un pensamiento recurrente, uno que hayas tenido hoy, y observa quién es el yo que piensa ese pensamiento. ¿Dónde está ese yo? ¿Está en tu cerebro? ¿Está afuera? Si vemos un momento el pensamiento y preguntamos quién piensa, vamos a descubrir que ese yo que piensa no existe: es imaginado.

¿Quién piensa? es una pregunta sin respuesta. La respuesta es tu propio acto de observar. Cuando uno empieza a aprender espiritualidad hay un problema: responde con una respuesta aprendida que supuestamente es espiritual, y es otra identificación. No es para que respondas, es para que observes quién es el yo que piensa, incluso aunque la respuesta parezca espiritual. No hay una respuesta correcta. Observa lo que no puede ser pensado y quédate ahí, en eso que no puede ser pensado, sin ponerle nombre. Y no son segundos: es ahora. Lo reconoces ahora, lo observas ahora y lo experimentas ahora.

Para observar los pensamientos hace falta un nivel de concentración que no es optativo, porque en cuanto dejaste de observar, te volviste a identificar. Un ejercicio simple:

  • Respiración consciente, con los ojos cerrados, relajada, sin manipularla.
  • Cuentas cada respiración completa: inhalo, uno, exhalo; inhalo, dos, exhalo. Así hasta cien.
  • Si en algún momento aparece un solo pensamiento o una sola frase que interrumpa, vuelves a empezar desde el principio.
  • Hacerlo a diario. En una semana vas a ver cómo sube tu nivel de concentración.

Un maestro zen lo dice así: no hay árbol de la bodhi ni espejo brillante; puesto que esencialmente todo es vacío, ¿dónde podría depositarse el polvo? El polvo lo puedes cambiar por ego en nuestro vocabulario. Y cuando estés pensando, pregúntate: ¿quién piensa? ¿Quién piensa?

Preguntas frecuentes

¿Por qué cuando empiezo a estar más presente aparecen más pensamientos negativos?

No vienen más pensamientos negativos; observa tu mente. Tenemos una especie de locura llamada presuposición: presuponemos cosas y, como las presuponemos, ocurren. Fíjate quién es el yo que hace esa pregunta.

Si no me identifico con ningún pensamiento, ¿mi vibración se equilibra sola?

La vibración siempre está equilibrada; lo que pasa es que está equilibrada de una forma mucho más grande que la percepción individual. Esto no te impide angustiarte, pero ¿quién dice que la angustia es un desequilibrio?

Si los pensamientos nos llegan, ¿no creamos con el pensamiento?

Un Curso de Milagros distingue entre fabricar y crear: fabricar es lo que hace el ego, que fabrica ilusiones. El pensamiento creador existe, pero no es lo que tenemos hoy en nuestro pensamiento cotidiano; ahora estamos en una etapa no de creación, sino de liberación.

¿Hace falta mucha disciplina para dejar de identificarse con los pensamientos?

Un Curso de Milagros dice que lo único que necesitas es una pequeña dosis de buena voluntad. Una vez que descubres el poder del silencio, ya no es cuestión de disciplina: se te va guiando.

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