Despertar

La vida es un juego, y así se gana

Gabriel Gowezniansky
Gabriel Gowezniansky
8 min de lectura
En pocas palabras

Es un juego que te lleva a conocer a Dios, y se gana despertando: cuando te desidentificas de tu cuerpo y de tu pensamiento, ganaste el juego.

Puntos clave

  • Dice Jesús que todo el problema se armó cuando el Hijo de Dios se olvidó de reír: si te ríes, es un juego.

  • Dentro del plano espiritual, el cuerpo no es una limitante, es una posibilidad.

  • El juego de la conciencia es un juego de niveles, hasta que uno se da cuenta de que todo es uno jugando a estar fragmentado.

  • No estás acá por karma: estás acá porque Dios es.

  • Estamos en un juego, pero no es un juego de maldad.

¿Por qué se le llama «juego»?

¿Por qué algunos maestros le han llamado el juego de la conciencia? En Oriente se le llama el lila de Dios, o el lila divino. Lila significa juego, porque todo esto es un juego.

¿Qué te dice Jesús? Que todo el problema se armó cuando el Hijo de Dios se olvidó de reír. Si tú te ríes, es un juego.

Vamos a verlo así, vamos a entenderlo así: es un juego. Y por ley de causa y efecto, o ley de karma, lo que tú das lo recibes. Lo que tú vibras te vuelve.

¿Un juego de qué? Es un juego que te lleva a conocer a Dios. ¿Qué es Dios? Todo. Usamos la palabra Dios a falta de una mejor, porque es la palabra más popularizada entre nosotros para referirnos a la totalidad. Dios es la totalidad, todo. Y dentro de ese todo hay una parte que está jugando un juego.

Un juego de olvidarse de quién eres

El juego es: ¿cómo es olvidarme de quién soy? No ser consciente del amor, del origen, de la luz, del propósito, del sentido, de lo real. ¿Cómo se puede no ser consciente? Para eso hay que generar un espacio donde esa conciencia de lo real pueda no experimentarse de manera directa, o no experimentarse de manera clara. Estamos yendo al origen de la creación.

Antes de todo el juego de la fisicalidad y de la materia, el ser existe en un plano no manifestado, en un plano no material. ¿Quién es el ser? Tú y yo en el todo. Jesús dijo: «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58). ¿A qué se estaba refiriendo? A la mente de Dios.

¿Cómo funciona este juego? Nosotros encarnamos y nos olvidamos del origen, o nos vamos olvidando. Y el juego es el siguiente: identifícate con las creencias que tengas e identifícate con el cuerpo en el cual vas a vivir tu experiencia. ¿Quién programó esto? Nosotros lo programamos. Queríamos experimentar la separación. El Curso te dice que tú querías experimentarte separado y necesitabas algo con lo cual separarte, y ahí diseñaste el mundo de cuerpos.

(…) nuestras almas al encarnar en estas circunstancias, llegan a olvidar todo lo relacionado con el origen. En esta zona se juega el juego de la creación, el movimiento y la renovación de las formas del alma.

— Flavio M. Cabobianco, Vengo del Sol

¿Los cuerpos son reales? Temporalmente los experimentamos, sí. Pero en un plano de conciencia muy simple uno puede darse cuenta de que todo el que encarna en algún momento desencarna. No tú, sino eso que ahora llamas «yo» y con lo cual te identificas.

Esto no te lleva a negar el cuerpo ni a odiarlo. Al contrario: el ego es el que odia el cuerpo, porque lo ve como una limitante. Dentro del plano espiritual, el cuerpo no es una limitante, es una posibilidad. Es una posibilidad infinita.

Ganar el juego es despertar

Estamos en un juego donde ganar el juego implica despertar a lo real. En el budismo se le llama Buda, que significa «el despierto». En el cristianismo se le llama despertar el Cristo, o sea, el ungido de Dios. Y el elegido somos todos, porque no hay un elegido: nosotros somos el elegido porque somos lo creado.

No es un juego para sufrir. El juego es para despertar la dicha y la gloria de Dios. ¿Qué casualidad lo que han descubierto todos los maestros? Un Curso de Milagros te habla de reír, te habla de la gloria de Dios. Los maestros orientales hablan de dicha, hablan de paz interior. Otros te hablan de silencio. No es casualidad.

¿Y cómo se es un Buda? ¿Imitando a otro? ¿Copiando a otro? ¿Leyendo libros? No: sentándote en la sabiduría de tu propio ser a descubrir la verdad.

¿Qué es lo primero que hace el ego? Identificarse con la forma. Estamos en un mundo de formas: todo tiene forma. Y estamos en un mundo de nombres, porque pensamos, y pensamos con un lenguaje. El ego genera identificación con ambas cosas, con el nombre y con la forma. Eso está en la sabiduría antigua de Oriente: la liberación es del nombre y la forma.

¿Qué ocurre si te desidentificas de tu cuerpo y de tu pensamiento? Eres un Buda. Reconoces a Cristo, la esencia. Te liberaste del circuito. Eres un despierto: eso significa que ganaste el juego.

¿Y si alguien no se liberó, qué pasa? Déjalo que juegue. Cuando tú te liberas, llegan a ti personas que quieren liberarse.

Un juego de niveles

Te voy a poner un ejemplo. Yo cuando era chico jugaba al Mario Bros. Si estabas en el nivel tres y había algo que no sabías, ibas a intentar e intentar ganar ese nivel, o ver si alguien lo había ganado, o buscar los trucos que tenía el juego para pasar de un nivel a otro. Este mundo también está lleno de trucos. Pero no ibas a preguntar cómo ganar la batalla final si ni sabías que estaba eso: estabas en el nivel en el que estabas.

Cada uno está en el nivel en que está. Entonces la tarea es liberar el nivel en el que tú ahora estás, y Un Curso de Milagros es para eso. El juego de la conciencia es un juego de niveles, hasta que uno se da cuenta, o despierta a la revelación, de que todo es uno jugando a estar fragmentado.

¿Cómo saber tu nivel? Hazte un escaneo de conciencia: ¿qué nivel de conciencia tengo ahora? ¿Qué es lo que veo en los otros? ¿Qué es lo que veo en mí? Y pregúntate: ¿cuánto pasado tiene tu presente? Eso marca tu nivel de conciencia. Si tienes mucho pasado, estás dormido. Si no hay pasado, estás liberado. Así de simple.

A ese momento de realización Un Curso de Milagros le llama instante santo. ¿Por qué instante santo? Porque es un instante en que tú reconoces la verdad, y la verdad es que somos seres santos, no somos seres impuros o pecadores. Lo vas a ver en el otro porque lo puedes ver en ti.

Es un juego de conciencia: el que está abajo vive abajo, el que está más arriba vive más arriba. Y en última instancia la conciencia va subiendo hasta reconocer la unidad con la conciencia de Dios.

¿Qué es lo que ahora te está causando?

Para el ego siempre hay pequeñas causas, y las busca afuera o en el pasado. Pero mira en tu interior y pregúntate: ¿cuál es tu causa ahora? Tú ahora existes. ¿Qué es lo que causa esa existencia? Puedes decir que algo la está causando. Ahora, ese algo, ¿dónde está? ¿Puedes identificar un lugar? ¿Está a tu derecha? ¿Está a tu izquierda? Esa causa está en todo, porque está causando todo. En Un Curso de Milagros se le llama Dios.

La ley de karma es la ley del mundo: si yo en el mundo siembro algo, voy a cosechar eso. Pero ¿quién siembra y quién cosecha? Lo que busca la indagación no es sembrar algo mejor ni mejorar la tierra donde vas a sembrar. Lo que busca es reconocer al sembrador: quién siembra, quién cosecha. O sea, ¿quién soy? ¿Quién es el que ahora está experimentando tu experiencia? ¿Es tu ego? ¿Es tu pensamiento? ¿Es tu silencio? ¿Es Dios? ¿Son tus ancestros?

Esa es la pregunta del presente, la pregunta del millón: ¿qué es lo que ahora te está causando? La causa, el origen de todo, es Dios; no es el ego ni el karma. No estás acá por karma: estás acá porque Dios es, y porque dentro de Dios tú eres libre de experimentar lo que quieras, y elegiste una experiencia humana. Lo que estás experimentando no es la humanidad, es un nivel de conciencia dentro de Dios. ¿A qué te lleva eso? ¿A amar tu experiencia o a odiarla?

No es un juego de maldad

Estamos en un juego, pero no es un juego de maldad. No estamos atrapados: como te dice Jesús, todos estamos acá por elección. Tú querías vivir esto. ¿Es mala la elección? No es mala. Pero para darte cuenta de eso tienes que salir del circuito de maldad que genera la conciencia de separación.

El juego básicamente es un juego de elección. Cada uno elige lo que quiere experimentar a cada momento; eso te dice Jesús. Ahora, ¿sabías que tenías alternativa? Probablemente no.

¿Por qué quisimos venir? Porque queríamos experimentar esta experiencia que tenemos ahora, y creamos el mundo para poder experimentarla. Si el Hijo de Dios creó el universo, mira lo glorioso que es el Hijo de Dios: crear un juego infinito.

El juego es despertar a quiénes somos. No a quién crees que eres, sino a quién eres. Por eso tus creencias no llegan. Cada tradición le da otro nombre, pero todas las tradiciones vienen de maestros iluminados.

Tú eres la conciencia de Dios. Vivir desde la conciencia de Dios te lleva a honrar a Dios, amar a Dios y disfrutar de este hermoso juego que es la experiencia humana. Y como último consejo: no te lo tomes tan en serio.

Preguntas frecuentes

¿Hace falta volver al pasado para sanar un trauma, según Un Curso de Milagros?

El perdón no tiene nada que ver con el pasado: cuando uno perdona, descubre que el pasado no existe. Un maestro no te va a llevar al pasado, te va a deshacer el pasado.

¿Qué es el sanador no sanado de Un Curso de Milagros?

Lo que yo no he sanado en mí, lo voy a proyectar en ti. El sanador no sanado es alguien que intenta ayudar a sanar al otro, pero no se sanó a sí mismo.

¿Cómo saber cuál es mi nivel de conciencia?

Hazte un escaneo de conciencia y pregúntate cuánto pasado tiene tu presente. Si tienes mucho pasado, estás dormido; si no hay pasado, estás liberado. Así de simple.

¿Cuál es la diferencia entre Jesús y Cristo?

Jesús es un maestro que despertó el Cristo en él, pero el Cristo ya existía, no lo inventó. El Cristo es la naturaleza de Dios en nosotros, y así como él lo despertó, lo puede despertar cualquiera.

¿Sirven las afirmaciones para manifestar lo que quiero?

Cuando uno quiere algo mucho desde el punto de vista de la ilusión, lo consigue, pero sigue siendo una ilusión. La pregunta es si realmente quieres manifestar algo o quieres reconocer la verdad que hay en tu interior.

¿Hay que reprogramar el subconsciente?

El trabajo no es regrabar, el trabajo es despertar a la verdad, y no es lo mismo. No regrabas: vas liberando los límites, rompiendo los bloqueos o las creencias, como el pollito que rompe la cáscara y va creciendo.

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