¿Cómo puede un mensaje que no llega arruinarme el día?
Porque tu bienestar puede haber quedado atado a la respuesta que esperás, aunque te digas que ya no necesitás nada.
Mandás «¿cómo estás?», mirás si leyó, volvés a mirar y empezás a interpretar cada minuto. La tarde que ibas a dedicar a otra cosa queda organizada alrededor del teléfono. No sólo falta un mensaje: aparece lo que ese mensaje tendría que demostrarte sobre el vínculo o sobre vos.
Las relaciones son un gran campo de espera.
El trabajo empieza por reconocer la espera, no por disfrazarte de alguien a quien todo le da igual. ¿Qué tendría que decir para que vos puedas estar en paz? Mirar esa condición permite distinguir la relación presente de la exigencia que tu mente le puso.
Cómo trabajarlo
Encontrá la condición escondida
Completá por escrito: «Voy a estar bien cuando esta persona…». Poné la respuesta que realmente esperás, no la que te parece más espiritual.
Reconocé qué tendría que demostrarte
¿Esperás cariño, aprobación, interés o que se confirme una idea del vínculo? Mirá qué significado le estás dando al mensaje pendiente.
Distinguí el silencio de tu interpretación
Una cosa es que todavía no respondió; otra es «no le importo». Reconocé esa diferencia sin inventar tampoco una explicación favorable.
Retomá lo que habías dejado
Volvé a la tarea o encuentro que quedó pendiente mientras esperabas. Si mirás el teléfono otra vez, detectá qué estás buscando confirmar, en vez de tratarlo como un gesto sin importancia.
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Otras preguntas
Respuesta preparada por el equipo de Guía para la Paz Interior con las palabras de Gabriel Gowezniansky en sus clases, encuentros y entrevistas.
