No eres una mente aparte: las 3 caras del ego
No hay una conciencia individual: pienses lo que pienses, lo estás pensando dentro de la única mente que existe. Y si no soy nadie, ¿qué hay para defender?
Puntos clave
El nivel de conciencia que nos toca encontrar es la conciencia de unidad.
No es que seas indiferente ante la vida: eres indiferente ante el ego.
No hay ningún pensamiento que puedas adjudicarte como tuyo, por lindo que te parezca.
Cuando ya no buscas nada, por una aparente paradoja, ocurre lo que estabas buscando.
No puede haber rabia si no tienes una idea preconcebida.
Las tres caras del ego: la persona, el individuo y el colectivo
Los niveles de conciencia, como dice el Curso de Milagros, en última instancia no existen. Yo los armé de esta forma para que podamos entender cómo opera esa estructura que se va fragmentando, y lo puse de tres formas.
Una es la conciencia colectiva: la ilusión de creer que estoy dentro, la identificación con una política grupal, con una cultura grupal. Puede ser un partido político, un grupo cultural; estás en el grupo de la universidad y te sientes de izquierda o de derecha. Esa es la conciencia colectiva.
Después está la conciencia individual, donde yo creo ser un individuo con unas ideas propias y con unas opiniones. Quizás todavía crees que eso existe, pero no existe. O sea, existe en tanto uno lo cree.
Y la conciencia personal, que es cómo hacia dentro se fragmenta el individuo en máscaras. Entonces uno genera el conflicto adentro: cierras los ojos y estás con todas esas máscaras. Después está la imagen que das hacia fuera como individuo, y después la idea de que estás dentro de un colectivo; por ejemplo, que soy argentino. Yo no soy argentino: hablo de una forma que se habla en una región, pero no hay países, es una ilusión.
Tenemos esas tres ilusiones, que son caras del ego: que soy parte de un colectivo y me siento seguro ahí; que soy un individuo separado y puedo tener mis ideas; y esa fragmentación interna en máscaras, que es lo que después más duele, porque cuando estás contigo te sientes dividido. Por eso el nivel de conciencia que nos toca encontrar es la conciencia de unidad, donde eso ya no existe.
Si no soy nadie, ¿qué hay para defender?
La forma que a mí me resulta más simple de explicarlo es un bosque. Vas a un bosque y no dices: esta ramita de pasto se llama así y esta otra se llama asá. Ves que el pasto es toda una unidad, y no sólo el pasto: los árboles, todo conforma un ecosistema. Nosotros estamos en ese ecosistema. Tenemos un avatar físico, pero no somos individuales.
Uno de los desafíos más grandes es romper eso, porque el mayor apego es ser un individuo, con una forma de expresarse, unas ideas, una forma de reírse. Dentro de ti está hablando el vacío mismo. ¿Qué significa el vacío mismo? Que no hay nadie adentro. Tú no eres alguien. El individuo se identifica con alguien: yo tengo estas características.
La única cosa a la que el hombre debe renunciar si quiere alcanzar la suprema Verdad es la noción de la individualidad, nada más.
— Swami Ramdas, Pensamientos
La pregunta es con qué me identifico, qué creo ser, quién creo ser. Porque ahí es donde comienza, como te explica el Curso de Milagros, la idea de sentirse atacado y tener que defenderse. Si yo soy alguien, tengo que defender esa identidad. Pero si no soy nadie, ¿qué hay para defender? ¿Quién puede atacarme?
Es muy hermoso cuando vas soltando todo eso y te das cuenta de que alguien te dice algo que en algún momento era ofensivo y ahora no genera nada. Y no es que dices «esto ya no me genera»: simplemente no genera nada, ni siquiera la reacción de decir que no genera.
No es que seas indiferente ante la vida: eres indiferente ante el ego. No es que no siento. Siento mucho más que antes. Lo que no siento es el ego: la necesidad de defenderme, la necesidad de luchar con otro, la necesidad de sostener mis ideas. La mente está en un punto neutro, y neutro significa que no se cae ni a derecha ni a izquierda. En una mente despierta no hay posiciones: de qué lado te vas a posicionar, cuál es el lado correcto.
Y esto no es perder nada. No pierdes el cuerpo: pierdes la identificación con el cuerpo. No pierdes la capacidad de pensar, pero pierdes la identificación con lo que piensas, y lo que eres ahora es la conciencia sin ataduras. Ya no necesitas bastones para la mente; la mente se sostiene en el aire sola.
Ningún pensamiento es tuyo: todo se piensa dentro de una sola mente
Cada uno de nosotros tiene una experiencia individual; no se trata de negar eso. Lo que no hay es una conciencia individual. ¿En qué sentido? En el sentido de que pienses lo que pienses, lo estás pensando dentro de la única mente que existe. A ti te puede parecer que lo piensas dentro de tu mente, pero no lo estás pensando dentro de tu mente: lo estás pensando dentro de la mente.
Las famosas casualidades, los encuentros fortuitos, las ideas que piensa uno y pensó el otro en el mismo momento: todas esas experiencias lo que nos muestran es que estamos en la red, la red de la conciencia. No hay ningún pensamiento que puedas adjudicarte como tuyo, por lindo que te parezca. Los pensamientos que emanan de la Fuente son pensamientos que provienen de la Fuente. No hay un «yo pienso».
Un ejemplo que doy a veces: un cuadro tiene un montón de pinceladas y todas componen el cuadro. Pero si te quedas mirando una pincelada, no hay arte; la ves y parece una mancha. Nosotros somos la obra de arte completa, no alguien por separado. En la interconexión, en la comunicación, en lo que se da como una unidad, es donde se ve la obra de arte de ese maestro pintor que le llaman Dios. Y a la vez sí se puede ver en un individuo, porque más que una pintura es un holograma: cualquier punto que atravieses con haces de luz te muestra la obra completa. Donde tú estás ahora está la obra completa.
¿Quién soy? Una pregunta que se responde sacando capas
Cuando uno se hace una pregunta de este calibre, quién soy, lo importante es poder ir limpiando una a una toda creencia que aparezca, porque vas a querer darte alguna respuesta, pero ninguna respuesta es satisfactoria para explicar lo inexplicable. El Tao arranca diciendo que el Tao que puede ser nombrado no es el verdadero Tao. Si la pregunta está mal, la respuesta va a estar mal. Por eso en la Biblia, cuando Moisés le pregunta a Dios cuál es su nombre, Dios le responde: «Yo soy el que soy» (Éxodo 3:14).
Yo uso el ejemplo de la cebolla: sacas una capa y todavía hay cebolla; sacas otra capa y todavía hay cebolla. Cuando sacas la última capa y dices «ahora sí me encuentro con la verdad», no hay nada; se acabaron las capas. Ese es el trabajo de la indagación: ir liberando esas capas. Y cada capa es algún grado de individualidad.
El individuo siempre está buscando algo: una respuesta del otro, un efecto en el otro. Cuando ya no buscas nada, por una aparente paradoja, ocurre lo que estabas buscando. El ego siempre está buscando lo que le falta; aunque lo tengas, vas a buscar otra cosa, porque el ego vive en base a la escasez.
¿Quién eres? Allí donde estás, allí está. No es un pensamiento, no es una idea, no es un cuerpo, no es una creencia. No te puedo llevar a un lugar en el que no estés. Y ese lugar donde las preguntas ya no tienen lugar es tu mente, la misma en la que estás ahora. No hace falta deshacer visualmente el mundo: basta deshacerlo conceptualmente.
¿Cómo hacer para que las pequeñas cosas del día no me den rabia?
Las situaciones que te dan rabia van a seguir ocurriendo, para pesar de tu ego. La única diferencia es que en algún momento te das cuenta de que no cambia nada que ocurra o que no ocurra. Lo que te está mostrando de manera constante la vida es que no tienes idea de nada. Hasta que la mente no se abre a no tener idea, vas a seguir intentando que la situación sea como tú quieres que sea. Por eso te da rabia. No puede haber rabia si no tienes una idea preconcebida. Al principio, como estamos programados, va a seguir apareciendo la carga emocional en esas situaciones.
Si puedes reírte de la tontería de intentar controlar todo lo que ocurre en tu vida... Nos parece normal, pero nadie pudo controlar nada nunca. No hubo un ser humano en la historia de la humanidad que pudiera controlar por un instante la mente infinita de Dios. Hay un video en que la imagen se va alejando de un humanito preocupado en su casa, hasta mostrar otras galaxias: tú eras ese puntito, preocupado porque nadie lavó los platos, y hay un universo infinito de belleza extraordinaria. El ego no quiere transformar el mundo: solamente quiere controlar lo que tiene al lado. Y es en las pequeñas cosas, en lo simple, donde la mente se va liberando.
Para que ciertas bacterias puedan crecer hay que tener agua estancada. Si la mente nunca está estancada, no hay un ambiente propicio para que se genere un ego: hay que estancar el pensamiento para que el ego parezca aparecer. Un pensamiento que se estanca, como «este me traicionó», se sostiene; primero el sostén parece poco, quince segundos, pero puede durar un minuto, un día, un mes, un año, diez años. Si alguien te dice algo y tú no lo interpretas de ninguna forma, no hay sostén para que se estanque. El agua fluye, la mente fluye.
Es una energía muy grande la que tiene que poner un ser para sostener un ego. Por eso, cuando ese esfuerzo deja de ponerse ahí, se experimenta una expansión. No hay problema en el hacer. El problema es creer que hay problema. El juicio final es el final del juicio.
Preguntas frecuentes
¿Por qué el ego genera ansiedad?
El ego siempre está haciendo algo en función de algo que todavía no llegó, y eso es lo que genera ansiedad, estrés y preocupación. Cuando la mente está presente no hay una utilidad en las cosas: ocurre de manera espontánea la expresión del ser.
¿Por qué me siento culpable cuando necesito descansar?
Si tu cuerpo no tiene energía, necesitas descansar y permitir que el cuerpo, que tiene una inteligencia impresionante, se recupere y vuelva a nutrirse. Lo que ata es la idea: si no tienes idea y tu cuerpo está cansado, vas a descansar, ni siquiera te vas a plantear no hacerlo.
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