¿Por qué necesito tener razón, incluso cuando la discusión me hace sufrir?
Porque podés estar buscando que alguien confirme tu historia, más que reconocer el mecanismo que te mantiene en la discusión.
Terminás una pelea y llamás a otra persona para contarle lo que pasó. Elegís cada detalle que demuestra que vos estabas en lo cierto. Si te da la razón, sentís un alivio; después volvés a repasar la escena. Conseguir un testigo no desarma necesariamente la imagen que estás sosteniendo del otro.
Siempre buscamos alguien que nos confirme esa imagen.
La pregunta cambia cuando dejás de buscar un nuevo veredicto y empezás a reconocer tu propio juicio. No hace falta negar una diferencia ni declarar que todo estuvo bien. Se trata de ver qué estás alimentando adentro cada vez que volvés a presentar el mismo caso.
Cómo trabajarlo
Elegí la historia que venís contando
Tomá una discusión que ya le relataste a alguien. Reconocé qué parte repetís siempre para demostrar tu posición.
Encontrá el veredicto que buscás
Completá: «Necesito que alguien me diga que…». Mirá qué confirmación esperás obtener, más allá de recibir compañía o escucha.
Detectá tu juicio sobre el otro
¿Qué etiqueta sostiene tu relato: egoísta, desconsiderado, injusto? Reconocela como una imagen que aparece en tu mente, no como todo lo que esa persona es.
Distinguí ver de volver a litigar
Antes de contar la historia otra vez, preguntate: «¿Estoy reconociendo el mecanismo o reuniendo más pruebas para ganar?». Trabajá con esa diferencia sin prohibirte pedir ayuda.
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Otras preguntas
Respuesta preparada por el equipo de Guía para la Paz Interior con las palabras de Gabriel Gowezniansky en sus clases, encuentros y entrevistas.
