¿Cómo distingo un deseo propio de la necesidad de demostrar que me va bien?
Mirá si ese deseo te permite expresar lo que reconocés en vos o si nace de querer tener lo que ves en otra persona.
Ves las fotos de una casa enorme y empezás a desear una igual. Antes disfrutabas de tu espacio, pero ahora parece que tu vida quedó atrás. Quizás quieras mudarte; también puede haber aparecido la necesidad de demostrar algo. Cuando la comparación decide el objetivo, podés dejar de reconocer tu propia forma de crear.
No hay dos caminos iguales.
No necesitás juzgarte por desear algo ni renunciar a lo que te gusta. Volvé a lo que has podido hacer con amor y a lo que de verdad querés expresar. Una referencia puede inspirarte, pero imitar un resultado no revela tu potencial. La pregunta cambia de «¿cómo consigo lo mismo?» a «¿qué quiero poner en movimiento desde lo que soy capaz de aportar?».
Cómo trabajarlo
Nombrá el deseo sin adornarlo
Escribí qué querés hacer o tener. Trabajá con ese deseo concreto, en vez de armar una definición de toda tu vida.
Reconocé dónde empezó la comparación
Mirá si estás tomando a otra persona como medida. Distinguí una referencia que te inspira de la exigencia de conseguir su mismo resultado.
Volvé a una capacidad propia
Recordá algo que hayas podido hacer con amor. Escribí qué habilidad reconocés ahí y qué forma de expresión es tuya.
Reformulá el objetivo desde esa capacidad
Preguntate qué te gustaría expandir y escribilo. No necesitás ser mejor que alguien: buscá qué querés aportar de una forma que puedas reconocer como propia.
Profundizá acá
Otras preguntas
Respuesta preparada por el equipo de Guía para la Paz Interior con las palabras de Gabriel Gowezniansky en sus clases, encuentros y entrevistas.
