Lección 289: El pasado no puede afectarte
Estás mirando un árbol, una pared o el borde de una taza, y por un instante no hay nada que recordar, nada que temer, nada que arreglar. Solo lo que está delante. Esa pausa es más que un descanso: es lo que la Lección 289 llama el mundo real, y empieza justo ahí.
¿Qué significa «El pasado ya pasó, no me puede afectar»?
Esta es una de esas lecciones que, cuando la leo, me genera una alegría enorme: ¡qué maravilla descubrir esto! Muchas veces lo hemos escuchado, pero una cosa es escuchar una frase y otra es experimentarla, entrenarnos y ponerla en práctica de forma total. Llevar nuestra experiencia a la totalidad de la verdad, ya no como algo teórico o una idea bonita. Y fue una de las cosas que más me ayudó en mi camino.
La lección dice que, a menos que el pasado se haya borrado de mi mente, no podré contemplar el mundo real. Lo que te dice es simple: nada de lo que ocurrió antes te está tocando realmente ahora. Si algo parece tocarte, es solo en el plano ilusorio, en la porción del sueño de locura que llamamos ego.
¿Qué pasa cuando el pasado se borra por completo?
Quiero que lo practiques en serio. ¿Te olvidas de tu nombre? No. ¿De hablar tu idioma? No. ¿De caminar o de ir al baño? No. No te olvidas de nada. La única diferencia es que el pasado ya no pesa. Pierdes la historia individual, la historia personal: la de dolor, la de juicio, la de apego. No pierdes las funciones motrices ni lo aprendido que en este mundo aún sirve.
Ese mundo real, dice la lección, solo se puede ver en el ahora. Y el ahora empieza a cobrar una profundidad, una belleza y un silencio muy hermosos. Si quieres explorar esto desde otra mirada, lee lo que enseña «El poder del ahora».
Lo explica con una pregunta: ¿a qué se le puede conceder perdón sino al pasado? El pasado siempre existió solo para perdonarlo, y al ser perdonado desaparece. Queda libre, sin pecado. Es, dice la lección, el final de la culpabilidad. Ya nada en el pasado te tienta ni te genera una emoción de interés o de apego, porque todo lo que sientes es presente. Aquí me preparo para el paso final, que, como dice el libro de texto, lo da Dios.
¿Cómo practicar la Lección 289 hoy?
- Mira lo que tienes delante. Con los ojos abiertos, reconoce la belleza de cada color y de cada forma; con los ojos cerrados, el juego de colores sobre los párpados también es de una belleza total.
- Entra al presente con toda tu atención. Siente la tridimensionalidad y la profundidad de este instante, sin historia.
- Date un tiempo después de leer la lección para experimentar el ahora y sentir el silencio del presente.
- Suelta la historia personal: la de dolor, la de juicio, la de apego, cada vez que se asome.
- Camina cada instante del día con esta fragancia y repitiendo que el pasado ya pasó y no te puede afectar.
Si el pasado que cargas incluye algo muy doloroso, acompáñate también de un profesional. Esta práctica se suma a ese cuidado y no lo sustituye. Si quieres entender cómo soltar sin forzar, mira soltar el pasado no es olvidarlo.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
Cambia lo que eres en el instante: te experimentas como un ser de pura paz y de puro amor, un ser real y presente, no una figura, no una imagen, no una estructura vieja y anquilosada. Y la preparación para ese paso final es soltar todo y reconocer el presente como el mundo real.
Si hoy no sientes mucho, no importa: es entrenamiento, y la presencia se descubre de a poco. Hay otro artículo que te puede acompañar, sanar no lleva años y ocurre ahora. Revisa también la Lección 288 y continúa con la Lección 290.
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