Lección 39: Mi santidad es mi salvación
Piensa en cómo termina un día cualquiera: dando vueltas. Un recuerdo se mezcla con lo que tienes que hacer mañana, eso con algo que dijiste hace una semana, y todo con lo que te gustaría haber hecho. Terminas agotado sin haber resuelto nada. Esa es la escena que me interesa hoy, porque la lección 39 llega justo para decirte que no tiene por qué ser así. Viene después de la lección 38, donde vimos que no hay nada que mi santidad no pueda hacer, y la lleva un paso más lejos.
¿Qué significa «Mi santidad es mi salvación»?
Esta lección tiene tanta información sagrada que te recomiendo repasarla aunque ese día no hagas el ejercicio, porque nos lleva a darnos cuenta de cosas muy simples. Lo primero que hace es recordarte que el libro es simple, y que lo que dice es simple. Usa una metáfora: las nubes de complejidad en las que piensas. Yo te lo digo así: si aunque sea durante un solo instante has reconocido tu santidad, eso es exactamente lo que se llama salvación.
Y aquí el Curso aclara dos mil años de confusión. ¿Qué pensabas que era la salvación? ¿Qué ideas, qué imaginaciones, qué fantasías tienes todavía alrededor de ella? Nos hablaron de un infierno, de una vida después de la vida, de que soy culpable. Y el Curso responde con ternura: hijo mío, no entendiste nada. El infierno es la culpa misma. Cada vez que te sientes culpable por algo, por alguien, por algo que dijiste, hiciste o pensaste, eso es el infierno, eso es estar dormido, eso es el ego. Para mí es una idea tan difícil de sostener que creo que ni un niño de cuatro años se la cree: que lo que hago hoy lo voy a sufrir por toda la eternidad. Si quieres profundizar en esa parte, te dejo qué es el ego según el Curso y cómo reconocerlo.
¿Por qué cuesta tanto ver lo simple?
Porque creemos que necesitamos girar entre filosofías, mundos complejos y montones de lecturas. Pero el mundo no es complejo; es nuestra mirada la que es compleja. Una abeja no es compleja. Una flor no es compleja. Un amanecer tampoco lo es, aunque estén sucediendo infinitas cosas en cada instante. Es realmente simple: es vida, es amor, es creación, es extensión de Dios. Eso es exactamente lo que es Dios.
El Curso es honesto con nosotros: si hubieras reconocido tu santidad un solo instante, no necesitarías este libro de ejercicios. Pero lo necesitamos, y no porque seamos tontos. La razón es muy simple: como el propio libro dice en su introducción, nuestra mente todavía no está disciplinada para reconocer a Dios. Se va, se pierde en pensamientos que no significan nada, que no dicen nada, en ideas que no existen. Lo has observado en ti, ¿verdad? Por eso las lecciones empiezan a llevarte a otro nivel de conciencia.
Después de cerca de un mes y medio, el Curso te pide mantener la concentración y te avisa que al principio es muy difícil. Y yo pongo las manos en el fuego por esto, como por todo el Curso: se irá haciendo más sencillo. Lo vas a ir observando en tu propia vida, a medida que disciplines tu mente.
¿Cómo practicar la lección 39 hoy?
Disciplinar la mente no es forzarla. Es liberarte por completo de la complejidad, de esas proezas intelectuales que tanto nos gustan, y empezar a ver con ojos simples. Te propongo estos pasos:
- Repite la idea del día, «Mi santidad es mi salvación», con calma y varias veces.
- Cuando notes que tu mente gira de un pensamiento a otro, con el pasado mezclado con el futuro, reconoce que son nubes de complejidad y no la realidad.
- Si aparece culpa por algo que hiciste, dijiste o pensaste, recuerda que eso es lo que el Curso llama infierno, y que no es lo que eres.
- Mira con ojos claros, que ven más allá de lo que están viendo y reconocen la santidad en todo lo que ven.
- Vuelve a la idea cada vez que te acuerdes. No hace falta que sea perfecto.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
Lo que cambia es la concentración: se vuelve más sencilla en la medida en que disciplinas tu mente. Y esa santidad que eres te salva de la ignorancia, del juicio y de la complejidad que tanto cansa. Esta es una lección llave, porque no solo observamos nuestra santidad, sino que empezamos a entender qué es de verdad la salvación.
Si hoy no sientes nada especial, no pasa nada. El Curso ya te dijo que al principio es difícil, así que no lo tomes como un fracaso: basta con volver a intentarlo. Y si lo que pesa es una culpa muy grande o un sufrimiento fuerte, acompáñate también de un profesional de confianza. Mañana seguimos con la lección 40, soy bendito por ser un hijo de Dios. Hoy es un día de expansión interna y, sin dudas, un día bendito.
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