Lección 45: Dios es la mente con la que pienso
Hoy tuviste, seguramente, cientos de pensamientos: lo que dijo alguien, lo que puede salir mal, lo que deberías haber hecho. Ahora hazte una pregunta sencilla: ¿cuántos de ellos te llevaron realmente a algún lugar? Esta lección llega después de la lección 44, donde vimos que Dios es la luz en la que veo, y da un paso muy simple y muy grande a la vez.
¿Qué significa «Dios es la mente con la que pienso»?
Después de todo el trabajo que hemos ido haciendo, el Curso nos lleva a algo que Jesús explicó hace tanto tiempo y que hoy te lo muestra de forma muy clara: somos un pensamiento de Dios, y la mente con la que pensamos es la mente de Dios. Es tan simple como suena.
Pero hay una aclaración importante. Eso que tú llamas «pensamiento» no es a lo que se refiere el Curso. Hay un pensamiento desde el origen, desde la creación, que compartimos con Dios, porque ese pensamiento fue puesto en nuestra mente y nuestra mente está en Dios. Lo que ponemos en nuestra mente también está en Él, porque es la misma mente.
¿Por qué cuesta tanto pensar con la mente de Dios?
Porque antes tenemos que atravesar todos esos pensamientos que no significan nada, que no han dado nada, que cambian: hoy temen una cosa, mañana temen otra, y nunca están apuntados a ningún lugar. Por eso el Curso habla de demencia. No lo toma como un insulto, sino como un estado momentáneo en el que tu mente va por pensamientos que no van a ningún lado.
Si quieres entender mejor por qué esos pensamientos llegan sin que los llames, te puede ayudar leer por qué tus pensamientos no son tuyos: te llegan. Y si lo que más ruido hace es la voz del ego, qué es el ego según el Curso te lo explica con calma.
¿Cómo practicar la lección 45 hoy?
El Curso te pide que, cuando hagas estas prácticas, reconozcas lo sagrado y lo santo que hay en ellas. Hemos creado templos por todas partes, pero el verdadero templo es el que tú vas a crear cuando te sientes a dejar este pensamiento en tu mente. Estos son los pasos:
- Siéntate con la lección, sin prisa, y repite «Dios es la mente con la que pienso».
- Deja el pensamiento en tu mente. No necesitas fabricar nada: se trata de dejarlo estar.
- Reconoce que ese momento es sagrado, que es un lugar santo y que lo estás creando tú al sentarte.
- No busques afuera. El Curso lo pregunta con claridad: ¿dónde vas a buscar esos pensamientos si no es en tu mente?
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
Esta práctica te da acceso a los pensamientos reales que hay en ti, y que no son los que estás acostumbrado a tener. Tienen otra calidad: tocan tu corazón hasta tal punto que no vas a poder entender de dónde vienen, y vienen de ti.
Si hoy no notas nada especial, no lo tomes como un fallo. Se trata de sentarte, dejar el pensamiento en tu mente y reconocer lo sagrado de hacerlo; el resto no se fuerza. Y si tus pensamientos de siempre pesan mucho y te desbordan, busca también el acompañamiento de un profesional. Mañana seguimos con la lección 46, Dios es el amor en el que perdono, y ahí vamos a ver cómo el perdón nace de esta misma mente.
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