Lección 44: Dios es la luz en que veo
¿Cuánto tiempo más vas a seguir buscando afuera? Más libros, más preguntas, más dudas. Si alguna vez sentiste que le diste mil vueltas a lo mismo, esta lección es para ti. Llega después de la lección 43, donde vimos que Dios es mi fuente, y marca un punto especial del camino: el número 44.
¿Qué significa «Dios es la luz en la que veo»?
Hoy el Curso te dice que tu mente ya se está entrenando. Quizá lo empiezas a ver: ha pasado cerca de un mes y medio, estás empezando a observarte, y las lecciones diarias ocupan cada día más parte de tu mente. Reconoces cosas que antes no sabías ni reconocías. Y en la medida en que la mente está entrenada, se puede dar un paso más; ahí es cuando llega esta lección.
Lo que vas a darte cuenta es que lo que antes veías no era nada: era una ilusión, un sueño. Esa oscuridad, ese miedo, no son parte de Dios; no existen en lo absoluto y no están ocurriendo realmente, salvo en tu propio pensamiento. Tú te lo crees y piensas que es verdad. Por eso se habla de sueño, de ilusión y de demencia. Si el miedo es lo que más te pesa, quizá te ayude leer por qué el miedo no se enfrenta: se mira y se suelta.
¿Por qué buscamos tanto afuera?
Porque pensamos que Dios está lejos, y el Curso lo pone así de simple: indaga en tu mente y reconoce la verdad. No tienes que imaginar nada, ni pensar en ningún arcángel ni en ningún maestro. Entra en tu mente hoy y haz esta práctica para encontrar a Dios en ella. ¿O dónde pensabas que estaba? ¿Cuánto tiempo más en libros, buscando afuera, preguntando y siguiendo en la duda? Se acabaron las dudas. Lo vas a encontrar en el lugar más evidente, más obvio: donde estás, aquí y ahora. Tu mente ya está preparada y se entrenará cada día más para reconocer solo la luz.
El Curso te recuerda que has sido creado, que estás siendo creado, y que esa creación es vida y es luz. Esa creación que eres es vida y es luz. Para ese camino de mirar hacia adentro, tienes la práctica de indagación explicada paso a paso.
¿Cómo practicar la lección 44 hoy?
Lo único que tienes que hacer es cerrar los ojos, observar tu mente y dejar pasar todos esos pensamientos que no significan nada, todos esos miedos que no apuntan a ningún lugar, para llegar a un lugar al que siempre quisiste llegar. Estos son los pasos:
- Cada vez que te sientes, relájate por completo.
- Repite «Dios es la luz en la que veo» tantas veces como quieras, y repítela durante el día.
- Cierra los ojos, observa tu mente y deja pasar los pensamientos. No te involucres con ninguno: ninguno de los pensamientos que tienes significa absolutamente nada.
- Si llega un pensamiento de conocimiento, recíbelo: llega para iluminar, no para atraparte, no para enceguecerte ni para crear un nuevo dogma.
- Observa la luz que no tiene forma ni límites: la luz de Dios, la luz de la verdad, la que alumbra tu mente.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no ves ninguna luz?
Aunque sea por un instante, vas a permitirte vivir una experiencia completa sin egoísmo, sin máscara, sin fantasmas, sin pensamientos de separación. Esa luz es la mente de Dios, la única mente que existe. La otra, la mente pequeña, que sigue pensando en términos de carencia y de miedos y hace tantas preguntas sin contestar ninguna, hoy la vas a observar y la vas a dejar pasar. Cuando esa mente pase, y te desapegues y la perdones, lo que queda es la luz. Entenderás mejor ese pensamiento egoísta en qué es el ego según el Curso.
Si hoy no ves nada que parezca luz, no lo tomes como un fallo: no se trata de imaginar, sino de dejar pasar. Si el miedo te desborda, busca también acompañamiento profesional. Mañana seguimos con la lección 45, Dios es la mente con la que pienso. Hoy vamos a hacer algo muy sagrado: entrar al verdadero templo, que está en nuestro interior, y que nos llevará a una nueva forma de ejercitarnos y de entender quiénes realmente somos. Bendito, bendito día.
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